Ana, Ana...

 

Hace muchos años, cuando no existían aviones y luz eléctrica, llegó a nuestra casa una novicia de nombre Ana.

Comenzó con devoción el noviciado, Dios era su todo. Pero llegaron nuevos y peores tiempos, y su vocación tambaleó.

¡Que me marcho del monasterio! Pensaba para sus adentros, mientras el amor del Buen Dios, solo esperaba su momento.

En la sala del noviciado, un día, mientras le atacaban las dudas de si seguir o no. De pronto y por causalidad cruzó la mirada con el Cristo Crucificado de la pared del frente.

Cuentan las que se lo escucharon decir, que cambiando de expresión y con mucho amor le susurró a su corazón: Ana, Ana, aquí estoy por tú amor y aquí me dejas.

Solo resta decir que murió aquí, en nuestra casa, muy feliz como esposa de Cristo.

¿Qué tiene su amor que cuando llama es irresistible?

 

Historias antiguas de nuestra Casa. Cristo del noviciado Real Monasterio de Santa Clara, Villafrechós, España.

 

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