El amor de Dios se concreta en nosotras a través del amor a nuestras hermanas, a las que consideramos verdadera familia. La vida monástica refuerza los lazos humanos, ensancha los horizontes, te hace mirar a todos los hombres y abrazarlos estrechamente al Corazón de hombre y Dios, que ama… que nunca se cansa de amar.

 

Camino a Emaús anda la comunidad como un ejército de paz, todas hijas del Rey del cielo, sus esposas y sus amigas. La anciana que alegra el claustro con su andador, la novicia que corre en el recreo mientras juegan al balón, el inconfundible sonido del rosario al caminar de la Madre Abadesa… es mi comunidad, el sitio de amor que Dios ha pensado desde siempre para mí, con quien camino al cielo, quien me apoya y a quien cuido. “Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano, el tal es mentiroso y la verdad no está en él”.

 

 

 

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© Franciscanas Clarisas Real Monasterio de Santa Clara