Felices y obedientes...

 

La obediencia, no es un acto servil. Forma parte de nuestra entrega y nuestra vocación. Vivir unida y obediente, al misterio de la Iglesia y del sucesor de Pedro. Vivir la obediencia es parte de la confianza de que tenemos nuestra vida puesta en el Dios que no cambia, es expresión de la pobreza interior.

 

La obediencia es un regalo que hacemos junto al don de la castidad y de la pobreza. Todo forma parte de la ofrenda agradable, en la que habremos de transformarnos a lo largo del camino. La obediencia forma en valores, acrecienta tu fe, hace reverdecer brotes de sabiduría, de humildad...de caridad.

 

Cada monasterio es autónomo, aunque formamos parte de la Federación Nuestra Señora de Aranzazú, que reune monasterios de varias provincias españolas. La madre abadesa, es la cabeza humana de la comunidad monástica, ella marca los ritmos de las horas, atiende y asiste a las hermanas en fraternidad, se interesa por la formación de las novicias y se asegura que todas unidas en el colegio evangélico de la vida religiosas crezcan en amor a Dios.

 

 

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© Franciscanas Clarisas Real Monasterio de Santa Clara