La oración es siempre conversación entre amigos, una mirada al cielo, un silbido apacible. A veces sobran las palabras. Conexión íntima, constante y continuada. Nuestra vida, es una plegaria que no cesa. El coro, la liturgia, la Santa Misa forman parte importante de nuestra oración: nos unen al hombre en su trabajo, en sus alegrías, en su dolor. Nos acercan al misterio de la Iglesia.

 

Pero oración es hacer siempre aquello que Dios pide. Rezamos en el coro y en el gallinero. Su presencia invade el monasterio. Cada minuto unidas a su Corazón, ofreciendo lo mucho o poco, lo grande, pequeño, lo triste, las grandes carcajadas. Vivir, debe transformarse en una oración, trayéndole de continuo en nuestra mente: como un sello sobre el corazón.

 

Aquí y allá, en la celda o el claustro, mi corazón pertenece ha Cristo. Le llevo conmigo a cada instante, nada se pasa sin que lo hablemos, mi vida pertenece a Él y Él a mí. Somos uno por el misterio de su Corazón.

 

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© Franciscanas Clarisas Real Monasterio de Santa Clara